Consejos

¡Cuida tu casa de la tempestad hipotecaria!

“¡Hasta ahora, nos hemos salvado de los huracanes este año!”, dicen felices y con los dedos cruzados quienes viven por esas zonas del país donde siempre se espera cierta desazón esta época del año. Sin embargo —aunque no hayamos visto vientos, lluvias ni inundaciones— en el 2007 sí hemos sido víctimas de un tremendísimo ciclón que no acaba de pasar…y quién sabe si aumente de intensidad: ¡el huracán de las finanzas!Y en el epicentro.

mortagage

 de esta inclemente tempestad económica que vivimos todos, no importa la zona del país donde residamos, está la crisis del mercado inmobiliario.

Traqueteada de lo lindo por ella, la economía de Estados Unidos luce estar cada vez más frágil y los inversores están menos confiados de una recuperación inmediata. El principal problema que dio pie a esta situación radica en que la venta de casas redujo su paso dramáticamente, y de un

avance tumultuoso, pasó al ritmo más lento que ha tenido ese mercado en casi cinco años.

En estos momentos, los precios de las viviendas son los más bajos desde agosto de 2006. ¡Una estadística sin precedente! La crisis es tan aguda, que el viernes 31 de agosto, el Presidente George W. Bush prometió tomar medidas para ayudar a los millones de propietarios que no pueden cumplir con sus pagos hipotecarios y que corren el riesgo de perder sus casas. Las medidas incluyen mayor flexibilidad en las condiciones de pagos para aquellos con

bajo crédito y reformas en el código fiscal para que los propietarios puedan refinanciar sus hipotecas. Muchos son los sectores, las profesiones, los

inversionistas y los simples consumidores afectados por la situación, pero sin duda el más golpeado en específico es aquél que necesita con cierta premura vender su casa. ¿Cómo afectan estos cambios a ese propietario? ¿Acaso eres tú precisamente de quien estamos hablando? Si es así, corre

ahora mismo al escritorio, busca el contrato hipotecario que firmaste al comprar tu hogar y revísalo al dedillo… posiblemente con mucho más cuidado del que pusiste en aquel momento feliz de cerrar el trato. Estúdialos con mucho detenimiento (yo te diría que con lupa). Ahora es el momento de tratar de encontrar en esos papeles las herramientas necesarias que podrían marcar la diferencia entre quedarte con tu propiedad… o perderla por falta de pago.